Un gesto humanitario loable pero con matices

AquariusAyer, el Gobierno de España declaró la acogida de los 629 inmigrantes que viajan en el Aquarius. Una decisión humana –quiero pensar que no política ni de momento foto, a pesar de que ya se ha ofrecido hasta el presidente de la comunidad autónoma de Extremadura y el de la de Cataluña–, entendible e impecable, si no fuera por lo que implica.

También tiene consecuencias la actuación del Aquarius y de los barcos de las ONG que transitan el Mediterráneo rescatando de la mar inmigrantes dejados a su suerte por las mafias de comercio de seres humanos que hacen su negocio en el norte de África y en las zonas más deshumanizadas de Oriente Medio. La labor es también humanitaria, también impecable, pero con consecuencias.

Un gesto y otro, laudables y dentro de todos los cánones de las decisiones humanitarias, tienen la misma implicación: ayudan a las mafias de inmundos comerciantes de seres humanos a hacer su trabajo con menos “calidad”: ya no tiene que preocuparse por que los inmigrantes lleguen a la ribera norte del Mediterráneo; sólo tienen que hacerlos navegar unas millas de la costa africana para haceros llegar mar adentro. Luego, los barcos bienintencionados de las ONG harán el resto. Más ganancias para el negocio de tráfico de seres humanos.

Además, la decisión del Gobierno, si no es puntual, causará un efecto llamada –ya hay un barco alemán navegando hacia Valencia; le seguirán otros.

La crisis migratoria es una tragedia; no cabe duda de ello. Pero la solución no puede ser el vaciado de un continente para llenar el vecino. Eso es pan para hoy y hambre para todos mañana, un mañana no muy lejano. La solución está en el origen, en buscar salidas a los problemas que causan las migraciones. No es sencillo, y no es a corto plazo, pero es la única forma de acabar con ello. Eso, y combatir en la orilla sur del Mediterráneo a esas mafias, y hacerlo con toda la fuerza posible.