A propósito de la gran boda británica

harry-meghan-1526467440.pngMeghan se casa con un tal Harry. Sí, ella, la guapísima coprotagonista de Suits, abandona la soltería –tras un divorcio– para emparentar con la realeza británica, todo un símbolo mundial y una monarquía reinante, sin gobernar, en los 53 países que componen la Commonwealth.

La Casa Real británica es mucho más que una monarquía; si sólo fuera eso, los que no somos especialmente monárquicos no sentiríamos atracción por ella; no una atracción desmedida, pero sí una gran curiosidad por saber cómo se mantienen en lo alto de las noticias mundiales, cuando están encabezados por una persona nonagenaria, con casi 66 años de trono, que apenas ha emitido nunca una opinión sobre nada. Unos dicen que porque no tiene opiniones; otros, que cumple fielmente su trabajo de mantenerse al margen de la vida política.

Isabel II ha atravesado baches en su reinado. Uno muy importante fue el que ella misma denominó “año horrible”, 1992, en el que se produjo la doble separación de sus nueras y el divorcio de la princesa Ana. Ese bache en imagen ha quedado superado por un aumento de la valoración positiva de los británicos sobre la monarquía, en parte gracias a ella, aunque también a la juventud desenfadada de sus nietos y sus matrimonios con plebeyas. Según encuestas nacionales, dos de cada tres británicos, menos entre los jóvenes y menos aún entre los escoceses, piensan que la monarquía beneficia a las islas.

En definitiva, Meghan se nos casa y Suits nunca será lo mismo sin ella –si es que la serie pervive, que con tanto enredo, dejé de verla hace un par de temporadas, a pesar de la belleza innegable de esta mujer–, y la realeza de las islas incorpora más aire fresco a su famila. ¿Se puede pedir más?

Colombia: el candidato Petro

petro_4.jpgGustavo Petro puede llegar al poder en Colombia. Las próximas elecciones presidenciales, el 27 de mayo, o en la segunda vuelta alrededor de un mes después, decidirán el futuro de Colombia en los próximos años.

El candidato Petro milita en Polo Democrático Alternativo (PDA), por el que se presentó a las interpartidistas de marzo, ganándose el puesto para las presidenciales de la próxima semana.

Desde que quedó segundo en esas interpartidistas, ha ido escalando posiciones en las encuestas a base de puro marketing político. Tuits, discursos y debates muy bien medidos lo mantienen en primera línea de la comunicación política; eso, unido a sus poses artificiales y ciertos exabruptos al estilo Trump, le están convirtiendo en un serio aspirante a la presidencia de la República de Colombia.

El candidato Petro, antiguo militante de la organización guerrillera insurgente –es decir, terrorista– de izquierda M-19, convertido a político, está sabiendo legar a las masas de votantes, cambiando su presencia y su discurso, hoscos y toscos, por modelos más refinados de una y otros, aprendiendo así de la forma de hacer política del difunto Chávez e incuso de Donald Trump.

Su equipo de asesores se está ganando su sueldo, que debe ser elevado. De ese sueldo, a algunas fuentes en Colombia les cabe la duda de quién lo paga. ¿Puede que éste sea el candidato oculto de las FARC?

En todo caso, la solución, el domingo 27 o a finales de junio, tras el posible balotaje.

La Rusia de Putin

Dos libros que acabo de leer, La nueva Rusia, de Peter Pomeranstev, y El fin del “Homo sovieticus”, de Svetlana Aleksiévich, nos hacen un retrato de Rusia. El primero, de la Rusia de Putin y su aparato propagandístico;

el segundo, de las dos Rusias que hoy conviven –es un decir– en la Federación Rusa del siglo XXI.

Este país es hoy una autocracia que trata de reverdecer el Imperio zarista y a su heredera, la URSS, bajo la bota de un exagente del KGB que, gracias a un extraordinario entramado propagandístico, se hizo con el poder en país en el año 2000 y ya no lo va a soltar jamás de forma voluntaria, ejerciendo en Rusia un régimen personalista y despótico que no permite la crítica seria y, mucho menos, una oposición estructurada y real.

Las razones por las que los rusos apoyan al autócrata son difíciles de analizar en su totalidad, pero leyendo el libro de Aleksiévich podrás observar cómo en la Federación Rusa hay una dicotomía entre los que añoran la Unión Soviética y los que adoraron a Gorvachov, y tal vez Putin haya sabido aglutinar a ambas partes engañándolas a las dos gracias a su aparato de propaganda en forma de medios de comunicación, del que puedes conocer más en el libro de Pomerantsev.

Dice esta autora que durante setenta años, el laboratorio marxista leninista creó un “homo sovieticus”, un singular tipo de persona que no conocía nada más allá de las fronteras del espacio soviético. Tras el derrumbe del imperio, esa persona, ese “homo sovieticus” quedó atrapado en el pasado y trató de sobrevivir en un mundo ahora hostil y despiad

La nueva Rusia

ado.

Sin embargo, los que no habían sucumbido a las presuntas delicias del comunismo, vieron en Gorvachov, en su perestroika y en su glasnost, un soplo de vida. Unos y otros sufrieron, tras 10991, el surgimiento de las mafias y la conversión de su economía dirigida en una clase de economía capitalista mafiosa.

Putin, al llegar al poder, puso cerco a las mafias particulares y las elevó a categoría de Estado, rememorando al rey Sol, “El estado soy yo”, y se declaró amo de todo. Pero tuvo la capacidad de devolver a los rusos la sensación de importancia como bloque que había perdido tras la desintegración el estado soviético.

Hoy, Putin ha hecho de su país una autocracia –lo más parecido a una dictadura– que quiere recuperar su posición de prestigio en el orden mundial. En el interior, proyecta una

imagen de seguridad inigualable, dando la sensación de ser ese gran líder que Rusia necesita. Fuera de las fronteras rusas, hace todo lo posible por ensuciar la vida internacional, convirtiendo a Rusia en un Estado gamberro –por decirlo suavemente–. Y para ser potencia mundial, no duda en enfangar el terreno de las relaciones internacionales.

Aún siendo una serie de televisión, la temporada más reciente de Homeland hace un relato muy creíble de las ambiciones del jefe del Estado ruso y de sus maneras en la arena internacional.

 

En Malasia gobernará un nonagenario

Mahathir MohamedMe entrevistaba el viernes UN Radio, de Colombia, una emisora con la que colaboro desde hace años, sobre las elecciones en Malasia, en donde la coalición Pakatan Harapan (Alianza de la Esperanza) ha ganado las elecciones con un líder, Mahathir Mohamed, de 92 años que había pertenecido al partido hasta ahora en el poder, la Barisan Nasional (Coalición Nacional), envuelta, cómo no, en un gran escándalo de corrupción, destronando al primer ministro Najib Razak quien, presuntamente, se ha quedado “carne entre las uñas”, es decir, una buena cantidad de dinero destinado a las necesarias mejoras en el país.

Charlábamos –al final, esas entrevistas acaba siendo una charla entre amigos– sobre las razones por las que una persona de 92 años se ha llevado en voto de las generaciones digitales y de personas hasta los 40 años; incluso, a pesar de los esfuerzos de Najib por conceder prebendas en forma de exención de impuestos, con carácter retroactivo, a los más jóvenes, y de las reformas electorales en su favor realizadas previamente.

Habrá que estudiar su campaña electoral, pero hay, sin duda, dos factores importantes. El primero, el hartazgo de la población mundial en general con la corrupción política. Nuestros gobernantes, en cualquier lugar del mundo, más parecen creerse servirse de lo público, y ser beneficiarios del dinero de nuestros impuestos que servidores públicos.

El segundo, la promesa de dejar el poder en dos años a Anwar Ibrahim, encarcelado por sodomía –sí, lees bien: allí es un delito; pon los emoticonos que quieras– y que más parece estar en la cárcel por motivos políticos que por delitos reales. Dos años para encauzar el rumbo, tras su experiencia de gobierno.

Lo que es cierto, es que en Malasia hay un ambiente de alegría del que participan jóvenes, ancianos y familias de las tres principales etnias de Malasia –la malaya, con un 69 por ciento, la china con un 24% y la india con un 7 por ciento– para celebrar un nuevo futuro que procede del pasado, ya que Mahathir ya gobernó el país durante más de dos décadas, entre 1981 y 2002.

Mucha suerte en esta nueva etapa.

La falta de Marca Europa

Reproduzco a continuación el artículo publicado en el último número de La Revista de la ACOP.

La falta de Marca Europa

Europa tiene un problema de identidad. Si el lector se toma la molestia de abrir Google y escribir “Marca Europa” se dará cuenta de ello; el resultado es decepcionante ya que apenas se obtienen resultados relevantes.

Cualquier organización necesita una marca, unas señas de identidad que transmitir a sus públicos objetivo. Lo tuvo claro el primer Gobierno Rajoy cuando creó, en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, una Dirección General de Medios y Diplomacia Pública, y retomó el proyecto Marca España que tímidamente inició el presidente Aznar y quedó en el olvido en las dos etapas de Rodríguez Zapatero; la mejor ayuda para superar la crisis era transmitir una identidad paraguas en el exterior que amparase productos y servicios españoles y que combatiese las insidias de The New York Times y The Economist, entre otros medios anglosajones que, en esos años de crisis, se hicieron evidentes en reportajes y portadas.

Lo tiene claro la OTAN, que cuenta con una división de diplomacia pública dedicada en exclusiva a informar de las señas de identidad de la Alianza y que fomenta las actividades encaminadas a decir y explicar lo que es la organización y para qué sirve y actúa.

Sin embargo, la Unión Europea, ese mecanismo complejo, de gran cantidad de instituciones y de sedes en algunos casos duplicadas, no da con la tecla adecuada para crear una verdadera Marca Europa, con unas señas de identidad únicas, comunes y claras. Esta complejidad institucional junto con la falta de una planificación clara, y la todavía preponderancia de los gobiernos nacionales frente a la comunidad en determinadas políticas, dañan la imagen de la Unión y hacen que su comunicación sea imprecisa.

A pesar del tener un departamento de comunicación en la propia Comisión, los movimientos antieuropeístas le ganan la partida. Los canales de comunicación institucionales suelen generar poca confianza; las instituciones pierden credibilidad por su lejanía al ciudadano y por la imagen que, en los últimos tiempos, están dando quienes las gestionan, y el usuario de esas instituciones, que las alimenta con sus impuestos, se pregunta para qué sirven, sin fiarse de que la respuesta dada a través de esos canales tradicionales sea algo más que un mero cliché. Este hecho aumenta la necesidad de realizar más y mayores esfuerzos utilizando una herramienta también al servicio de la acción exterior, la diplomacia pública, mediante una estrategia bien planificada y unas acciones con objetivos definidos a medio y largo plazo que convenzan al contribuyente de la necesidad de mantener las estructuras de la UE.

Para ello, la comunicación estratégica, el fomento de la identidad de marca y las relaciones públicas, son herramientas imprescindibles para convencer a la audiencia de que vale la pena apoyar los valores de la Unión.

Si bien es cierto que antes hay que establecer puntos comunes, más allá de los meramente económicos que son los que parecen ser el vértice de la UE en este momento. A la diplomacia pública se le ayuda con puntos de encuentro y sin discrepancias, con una planificación inequívoca; y una de las claves de esta falta de unión es la política exterior y de seguridad común, tan poco clara en el seno de la organización supranacional.

A los países les resulta complicado el fomento de sus señas de identidad; cuánto más a los organismos internacionales; la mayor parte de los ciudadanos piensan, en el caso de la UE de forma equivocada, que el trabajo que desempeñan es demasiado complicado y ajeno a las preocupaciones diarias; ese es el error del ciudadano, y es el trabajo de la inexistente diplomacia pública de la UE.

 

Y fallaron las encuestas en Costa Rica

Me aposté una caña y un pincho de tortilla a que se cumplían las encuestas. No he aprendido las lecciones anteriores. La suma de votos de la primera vuelta hacían pensar que ganaría el predicador, pero Costa Rica optó por la continuidad.

Acaban de entrevistarme para alnavio.com; os transcribo mis respuestas.

– ¿Cree que con el triunfo de Carlos Alvarado ganó el mal menor?

Así lo creo; entre otras cosas porque es el candidato con ciertas garantías de tener una infraestructura política detrás. Ninguno de los dos era un candidato óptimo para el país, pero Carlos era el mal menor, en mi opinión.

Tras intensos debates sobre religión y matrimonio igualitario, parece que Costa Rica ha optado por la opción menos conservadora, lo que supone un cambio sustancial en la sociedad tica. Carlos Alvarado ha sacado más del 20 por ciento a su contrincante, con un nivel de abstención menor del pronosticado.

– Nuevamente las encuestas han fallado. ¿Qué opinión le merece?

Predecir un resultado electoral es complicado siempre porque el encuestador, y después el analista, no saben hasta qué punto el encuestado responde la verdad, ni hasta cuál la muestra es suficientemente representativa de todos los estratos sociales.

Las encuestas predecían dos cosas:  que ganaría Fabricio y una elevada abstención, superior a la que se ha producido. Tal parece que Carlos Alvarado ha sabido movilizar a sus votantes y, desde luego, que la mayoría de los electores de los demás partidos han elegido el mal menor, pero no se han atrevido a decírselo a los encuestadores. Según estudios, un 60 por ciento de la población electora ha cambiado el sentido del voto; eso dice a favor del presidente electo y su campaña electoral que, de alguna forma, se ha sacudido el polvo del debate sobre el matrimonio igualitario y ha convencido a los costarricenses con la forma de abordar los verdaderos problemas sociales, políticos y económicos del país.

– ¿Y ahora qué en Costa Rica? ¿Cuáles serán los grandes retos para Carlos Alvarado?

El primero y principal es lidiar con la enorme deuda fiscal, por lo que tendrá que elaborar un plan de impuestos y un plan antifraude fiscal que resucite al país; es decir, elaborar un plan fiscal integral. En paralelo, mejorar los niveles de empleo lo que, además, contribuiría a ayudar con el déficit fiscal.

Otro gran reto es el de mejorar las infraestructuras del país; en especial, las de movilidad: es decir, las relativas a la circulación, aunque no son las únicas.

A partir de ahí, y en paralelo, lograr una sociedad igualitaria en donde se respeten los derechos de hombres y mujeres por igual.

También, lograr los niveles de seguridad de antaño, que van decreciendo con los tiempos.

Y un esfuerzo más del futuro gobierno: reducir las tasas de abandono escolar. La educación y la formación son los pilares de una sociedad abierta, desarrollada y de futuro.

Mucho trabajo para los próximos años, sin duda.

– Con un Parlamento tan fragmentado, ¿considera que tendrá difícil gobernar?

Ese es el calvario. La mayoría de los partidos restantes han “prestado” los votos al candidato del PAC, pero no los escaños. Un parlamento tan dividido hará que la oposición cobre fuerza y trate de no facilitar el gobierno al PAC y su nuevo presidente.

La posibilidad más beneficiosa para Costa Rica es un pacto para los grandes temas de estado, dejando a la confrontación los asuntos ideológicos y más políticos, y en estos, que sean las fuerzas del parlamento las que se mojen, pero que luchen con fuerza en los grandes problemas para levantar a Costa Rica.

– ¿Cree que los costarricenses han dado una segunda oportunidad al PAC pese a que el mandato de Luis Guillermo Solís no ha sido del todo positivo?

Es evidente que sí. Entre lo malo y lo peor, han optado por la continuidad. Lo cierto es que no tenían mucho donde elegir, si bien ese fue el resultado de las urnas en primera vuelta.

Si considera oportuno añadir cualquier otro aspecto, adelante.

En resumen, a Costa Rica le espera conocer el grado de madurez de su clase política. La democracia más consolidada de Latinoamérica se enfrenta a un período difícil de gobernabilidad y los políticos deben dejar a un lado las divisiones para centrarse en sus jefes: los ciudadanos costarricenses, y resolverles los problemas acuciantes que agobian al país. No se pueden permitir un gobernó con las carencias del período recién finalizado. La cuestión es si lo lograrán… o si querrán lograrlo.

Mesa redonda ‘Elecciones en Costa Rica. Segunda vuelta’, dentro del ciclo ‘América vota’

Mañana participo en la mesa redonda sobre las elecciones en Costa Rica, segunda vuelta de las presidenciales.

Se trata de unos comicios en los que Costa Rica debe elegir entre dos candidatos que no destacan por ser los mejores posibles, según me confirmó hace unos días un costarricense analista político, cuando coincidimos en Bogotá para otras elecciones. Mañana tendremos ocasión de analizar las posibilidades en esta mesa redonda que celebraremos en Casa América.

Prisión permanente revisable, o la decepción por una decisión

El Parlamento español, desoyendo a la mayoría ciudadana, ha iniciado los pasos para derogar la prisión permanente revisable. Que eso lo haga un partido antisistema como Podemos, dado su cariz marxista leninista, se entiende porque son de los que aplican la consigna de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”.  Este aprendiz de político cuyo sentido de la democracia podemos situar en las antípodas de la libertad tiene una clara línea de actuación.

Pero el PSOE es un partido de Estado y debe tener sentido de estado. Y a tenor de la última decisión de su secretario general, y de otras antes, más parece que se ha convertido en una sucursal de los antisistema de Podemos.

Pretender anular una pena que está en los sistemas penales de los países más democráticos del mundo, y bendecida por el polémico Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que además, es bendecido por una mayoría inmensa de la sociedad, es de una cortedad de miras impresionante.

Si a eso añadimos el infumable discurso de su portavoz en el pleno, no es para menos el sentimiento de vergüenza de la presidenta de la socialista Asociación Clara Campoamor.

La única razón que parece guiar los pasos del señor Sánchez es poner en un brete al Partido Popular, algo legitimo en el juego partidista pero alejado de un sentido de estado en este caso. Hasta el siempre heroico  Rivera –y desconecto el modo ironía– ha sabido rectificar para su partido y, esta vez, en lugar de ir a hacer daño al partido en el Gobierno, ha decidido no cometer tamaña torpeza. Y no por no dañar al PP, sino por mantener en el Código Penal Español una protección contra los atroces delitos que la máxima pena castiga.

Esperemos que, al final, una sana mayoría de nuestros representantes olviden la lucha partidista en este caso y nos protejan a todos de nosotros mismos y de asesinos, violadores y demás mala calaña que merecen estar en prisión e máximo de tiempo posible. El sistema penal debe servir para reinsertar al delincuente, pero también para proteger a los ciudadanos y evitar que alguien reincida en crímenes atroces. Y, en mi opinión, esta debe ser la primera finalidad.