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Prisión permanente revisable, o la decepción por una decisión

El Parlamento español, desoyendo a la mayoría ciudadana, ha iniciado los pasos para derogar la prisión permanente revisable. Que eso lo haga un partido antisistema como Podemos, dado su cariz marxista leninista, se entiende porque son de los que aplican la consigna de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”.  Este aprendiz de político cuyo sentido de la democracia podemos situar en las antípodas de la libertad tiene una clara línea de actuación.

Pero el PSOE es un partido de Estado y debe tener sentido de estado. Y a tenor de la última decisión de su secretario general, y de otras antes, más parece que se ha convertido en una sucursal de los antisistema de Podemos.

Pretender anular una pena que está en los sistemas penales de los países más democráticos del mundo, y bendecida por el polémico Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que además, es bendecido por una mayoría inmensa de la sociedad, es de una cortedad de miras impresionante.

Si a eso añadimos el infumable discurso de su portavoz en el pleno, no es para menos el sentimiento de vergüenza de la presidenta de la socialista Asociación Clara Campoamor.

La única razón que parece guiar los pasos del señor Sánchez es poner en un brete al Partido Popular, algo legitimo en el juego partidista pero alejado de un sentido de estado en este caso. Hasta el siempre heroico  Rivera –y desconecto el modo ironía– ha sabido rectificar para su partido y, esta vez, en lugar de ir a hacer daño al partido en el Gobierno, ha decidido no cometer tamaña torpeza. Y no por no dañar al PP, sino por mantener en el Código Penal Español una protección contra los atroces delitos que la máxima pena castiga.

Esperemos que, al final, una sana mayoría de nuestros representantes olviden la lucha partidista en este caso y nos protejan a todos de nosotros mismos y de asesinos, violadores y demás mala calaña que merecen estar en prisión e máximo de tiempo posible. El sistema penal debe servir para reinsertar al delincuente, pero también para proteger a los ciudadanos y evitar que alguien reincida en crímenes atroces. Y, en mi opinión, esta debe ser la primera finalidad.