El fenómeno migratorio, una realidad que requiere soluciones

Texto que me ha servido de base para grabar un vídeo para la Liga de Debate CICAE en la UCJC.

El fenómeno migratorio ha emergido como realidad importante en los últimos años.

Se entiende por migración cualquier movimiento de personas hacia el territorio de otro Estado o dentro del mismo, sin importar su tamaño, su composición o causa.

Incluye el desplazamiento que se da por parte de los refugiados –personas obligadas a migrar por persecuciones de todo tipo en sus países de origen–, los desplazados, las personas desarraigadas y los migrantes económicos.

Este fenómeno es tan antiguo como la existencia misma del ser humano; desde el principio, los pequeños clanes y las tribus se trasladaban de un lugar a otro para buscar tierras en donde sustentarse y donde formar puntos de unión con sus congéneres.

Esos movimientos, al principio, no generaban problemas por motivos obvios; no existían más límites que los impuestos por otros clanes o tribus en sus propios territorios, pero no había una gran masa humana que pusiese dividiese el mundo en fronteras.

Sin embargo, la complicación fue en aumento a medida que lo hacía la población mundial.

De esta forma, en las últimas décadas, ha provocado grandes flujos de personas en prácticamente todo el mundo, no sólo en Europa.

Sin embargo, en este continente lo vivimos con una gran intensidad y se ha convertido en tema de debate apasionado, además de en arma arrojadiza entre partidos políticos.

Es, en todo caso, una realidad de nuestro siglo para la que gobernantes, organizaciones internacionales y ONG tratan de buscar soluciones sin llegar a dar con la tecla adecuada; siempre a caballo entre lo necesario y lo excesivo.

Así las cosas, durante las últimas tres décadas ha aumentado considerablemente el interés por comprender con mayor claridad las causas y las consecuencias de los fenómenos y procesos migratorios en los ámbitos nacional, regional, internacional y transcontinental; también, por encontrar soluciones que permitan ejercer el legítimo control del fenómeno, pero bajo el manto de una labor humanitaria.

Aunque las cifras son siempre frías y aún no lo suficientemente precisas, se considera que aproximadamente un cuatro por ciento de la población mundial no vive en su país de origen, ello sin contar los procesos de migración interna.

¿Qué impulsa a un ser humano a salir de su tierra?

Es evidente que, salvo excepciones, es difícil que el ser humano quiera migrar sin que medien razones muy poderosas.

Así, los motivos que obligan a una persona a migrar son muy variados; entre ellos, existen razones de carácter económico y familiar, pero hay otra variedad de causas, como las guerras locales, regionales e internacionales, las represiones y persecuciones políticas, los movimientos y desplazamientos étnicos derivados del avasallamiento de las tierras y los territorios, las creencias y persecuciones religiosas, los desastres naturales, el desempleo en los países de origen o la atracción que ejercen los países más desarrollados, entre otros.

Y a todo ello se suman las mafias de tráfico ilegal de inmigrantes, cuestión no menor y que requiere un trato muy determinado en las políticas públicas sobre migración. También las organizaciones que, en una encomiable labor humanitaria, favorecen sin querer ese tráfico delictivo.

Como he dicho, los procesos y flujos migratorios no constituyen fenómenos recientes, sin embargo, es en los últimos tiempos cuando empiezan a desempeñar un papel muy importante en las agendas de discusión cultural, social, política y económica por parte de diversos actores de cada uno de los países del mundo.

Por otra parte, hay un hecho que debemos tener en cuenta: países que se caracterizaban por ser tener un gran flujo de emigraciones, se han convertido en receptores de migrantes internacionales y transcontinentales.

En el eterno debate sobre si los movimientos migratorios son buenos o malos, cabe decir que nada es verdad o mentira; todo depende de muchos factores.

Para empezar, es preciso remarcar que, como he señalado al principio, prácticamente nadie quiere salir de su tierra; lo hace por una necesidad más o menos grave. Y en ello, hay cosas buenas y otras que no lo son tanto.

Por ejemplo, la. migración:

Satisface la necesidad de mano de obra en los países receptores, especialmente en los sectores económicos que más la necesitan. Sin embargo, en muchos casos la mano de obra irregular hace que caigan los salarios y que los migrantes no consigan un sueldo justo, lo que provoca miseria y, en determinados casos, delincuencia.

Eleva el consumo y la inversión en las comunidades de origen de los migrantes por medio de la recepción de remesas. A cambio, el dinero ganado en el país de acogida no se invierte en él, sino que sale a otros países.

Ayuda a sostener el sistema de pensiones en países cuyas poblaciones han envejecido y que presentan bajo índice de natalidad. Pero sólo en el caso de que el trabajo sea legal, lo que no se produce en todos los casos.

Contribuye al intercambio cultural y de conocimientos y competencias, tanto en los países receptores como en aquellos de origen. No obstante, no todos los migrantes se dejan permebilizar por la cultura de acogida y en algunos casos, viven en guetos que les aíslan de su destino.

Por tanto, el fenómeno migratorio, que es causa de cambios en la demografía, en la cultura, en la economía y en el desarrollo tanto del país de origen como el de destino, requiere de un control que regule el proceso. Los movimientos incontrolados no favorecen a nadie; las políticas permisivas, tampoco. Todo tiene una justa medida y a ella hay que llegar.

Y para encontrar vías de control y soluciones satisfactorias, es necesario profundizar en el análisis detallado y realizar debates basados en datos e informaciones lo suficientemente amplios como para que nos permitan comprender la realidad migratoria nacional e internacional desde un punto de vista lo más objetivo posible.

También es necesario contemplar el fenómeno desde un punto de vista racional y carente de complejos; sólo así podremos dar con las soluciones adecuadas que, en ningún caso, serán homogéneas y que tendrán un camino distinto en función del origen, el destino y las causas.

Es un problema que, sin duda, exige una solución nada sencilla pero carente de partidismos políticos y en beneficio del ser humano; y en esa categoría están las personas migrantes, pero también las poblaciones locales, tanto del país emisor como del de acogida.

Se te ve el plumero, Cs

Rivera, la limpieza perfecta de la política -nótese la ironía-, no quiere saber nada de Vox. Sus huestes lo tienen a gala y el joven político venido a más hace una mueca de asquito cada vez que habla de este partido político.

Su adlátere, otrora socialista andaluz, Juan Marín, tampoco quiere saber nada de Vox. Puede reunirse con Podemos de forma cutre en la cafetería de una estación de tren, pero ni arrimarse a este nuevo partido que tiene nada menos que 12 escaños en el parlamento Andaluz.

No quiere ver al partido bajo ningún concepto; eso sí, quiere sus votos en el parlamento tanto en la elección de su presidenta como en la del presidente de la Junta de Andalucía, que a eso no van a renunciar, aunque sólo sea en segundo plano (Cs, no Vox). Para elegir Junta, los 400 mil «ultraderechistas» de Vox sí le son útiles a los liberales transversales de Ciudadanos, aunque sospecho que lo que de verdad querrían es gobernar con el PSOE. como ya hicieron en la anterior legislatura, en la que alentaron el continuismo del partido del régimen.

Porque para Marin, socialista de pro -¿socio listo de pro?-, haber dado cuatro años más de oxígeno a los del régimen no es problema; haber sustentado a Díaz estos años es un orgullo; y reunirse con Podemos es signo de talante democrático; pero Vox no, no lo es. Por cierto, me he leído los programas de Podemos y de Vox y mientras el primero es para temblar, no encuentro en el segundo ni un ápice de inconstitucional. Es más que probable que muchas, muchísimas personas sensatas lo suscriban con casi todas las palabras y no por ello sean ultraderechistas.

Entonces, ¿qué les pasa a los de Ciudadanos? Pues muy sencillo: los votos. Por supuesto, las ideas: son de izquierdas; pero también los votos. Mucha gente de derechas dejó de votar al PP ante el hartazgo de sus problemas y ante el hecho de que no hubiese alternativa a la derecha (yo tampoco entiendo por qué votar izquierda en esa tesitura, pero conozco los casos) y, ahora, ya la hay.

Y es que se os ve el plumero, queridos «naranjas».

Macrón y Snchz, presidentes por accidente

En 2017, Emmanuel Macron era la tabla de salvación de una Francia descabezada; llegaba al poder un reformista al que saludaban los gobiernos europeos como ejemplo de un joven político con poca experiencia –de asesor a ministro de Economía– pero con ganas y a modo de aglutinador de «los demócratas» frente a los extremos de la izquierda y la derecha.

Tan grande se presentía su éxito que el siempre presente Albert Rivera se apresuró a compararse con él y «apadrinarlo» como socio de ideología, si es que uno y otro la tienen.

Sin embargo, la joven y casi inexperta promesa, que pensaba que gobernar una república era cosa de voluntad, se ha ido topando en poco más de un año con la dura realidad: gobernar es tomar decisiones, situarse en un lugar, y para ello hay que estar muy preparado. Una preparación que dan los estudios, sí, pero también la experiencia y el juicio templado que otorga, en ambos casos, el paso del tiempo.

En España, por mor de una moción de censura que ha aglutinado a socialistas, comunistas, nacionalistas y otros «istas» que velan poco por la nación, nos gobierna también un relativamente joven y muy inexperto profesor universitario reconvertido a la cosa pública, que accedió al poder prometiendo todo a todos, menos la cordura necesaria a los españoles.

Con conocimientos sui generis de economía, reconocido «anti» –anti todo lo que huela a oponerse a sus ideas que son, a la sazón, ser importante a costa de lo que sea– y militante de una izquierda tan radical que se atreve a cerrar el puño y cantar el Cara al Sol de la izquierda más recalcitrante: La Internacional. Y aquí hago un inciso para invitar al lector a que compare las letras de ambas canciones y se diga a sí mismo cuál de las dos le da más miedo.

Decía que con esas características, y ni un solo mérito, ha llegado al poder para gobernar a 46 millones de personas con menos de un tercio de los diputados del Congreso y con la mayoría absoluta del partido rival –enemigo para él– en el Senado.

Así las cosas, el primero, Macron, no ha tenido un año apacible en su gobierno: disturbios, retroceso económico, y algunas lindezas más, coronadas por el asunto de su guardaespaldas y la prepotencia del joven líder de la República a la hora de tratar el caso. De hecho, Rivera, siempre Rivera, se ha olvidado de él.

Pierde fuelle y se deja la credibilidad en reformas cosméticas pero sin calado, no en las reformas que Francia necesita para recuperar la grandeur en materia de crecimiento, trabajo, convivencia y otras cuestiones no menores que exigen decisiones, es decir, tomar postura y llevarla a la práctica.

El segundo, Pdr Snchz, el líder sin vocales ni diputados, ni él lo es, gobierna a golpe de todo lo que denigraba en la presunta derecha: decretazos. Y lo hace a base de entreguismos, egoísmo, Falcon, helicóptero, prepotenecia, cinismo, esposa, enchufes y falta de ideas –la primera mala, poner a un dircom como director de Gabinete, como ha demostrado los fallos de todos los que hicieron lo mismo antes que él–. Con Franco como enemigo, un Franco muerto y olvidado, salvo en La Sexta, que él ha resucitado para todos los que no vemos ese canal de TV, los demás problemas pasan a un segundo plano. Y es que resulta que el problema, como Luis XIV y el Sol, es él.

¡Que Dios ayude a franceses y españoles!

Ecuador abandona el ALBA

Ecuador anuncia que abandona la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América, en clara repulsa a la situación en Venezuela en este duro momento para esta última nación.

“Ecuador no continuará su participación dentro de la Alba”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores, José Valencia –en la imagen– y explicó que con ello su país quiere “reforzar” la búsqueda de una solución al problema de Venezuela.

La Alba nació en 2004 como un instrumento de cooperación de los países de América Latina y el Caribe basado en la solidaridad y en la complementariedad de las economías nacionales, y constituía una alternativa al Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) impulsada entonces por Estados Unidos.

Con Venezuela como líder, la pertenencia de Ecuador a esta organización empezó a estar en tela de juicio desde la llegada de Lenín Moreno al poder en mayo de 2017, y en círculos políticos y diplomáticos se decía que era una cuestión de tiempo que la abandonase.

La organización bolivariana ideada por el difunto Chávez para llevar a la práctica su «socialismo del siglo XXI» pierde fuelle tras este anuncio, que no es otra cosa sino la clara constatación de dos cosas: la situación de Venezuela es insostenible y a Maduro no le queda escapatoria posible a su demencial forma de gobierno, y que Moreno pone distancia con el chavismo y con Correa, aliado del anterior y difunto jefe de Estado y de Maduro; previsiblemente, también de las formas y maneras de los actuales bolivarianos, cuyos mandatos sólo han contribuido al empobrecimiento de la Región; en especial, de los países envueltos en esta alianza.

Las malas noticias que llegan del país venezolano se contraponen con un arranque de sentido común de los gobernantes de Ecuador.

La percepción de inseguridad en América Latina y Caribe a través de los medios de comunicación

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Acaban de publicarme este artículo en Vox Localis, la revista de la Unión Iberoamericana de Municipios, en cuyo encuentro de julio voy a participar hablando de esto, precisamente. Este XXIII Encuentro Iberoamericano de autoridades locales: paz y seguridad ciudadana hablaremos de seguridad en Latinoamérica y sus municipios durante cinco días, bajo la consigna «El papel de las autoridades locales en la consecución del objetivo de desarrollo sostenible (ODS) 16: promover sociedades pacíficas e inclusivas desde el municipio», y que reunirá a autoridades locales de 23 naciones en las ciudades mexicanas del Estado de Veracruz: Medellín de Bravo y Orizaba.

El artículo trata sobre la influencia que tienen los medios de comunicación en la región de América Latina y Caribe (recuerdo que en el Caribe hay países no latinos, de ahí que sea necesario incluirla como una zona específica).

Ya escribí sobre el asunto para un libro publicado por el instituto Universitario Gutiérrez Mellado, de la UNED y para la ACOP. Hoy, he actualizado datos y aporto alguna perspectiva distinta, pero con las mismas conclusiones: los medios no son culpables, pero sirven como medio para amplificar esa sensación.

Podéis leer el artículo en Vox Localis.

Perdón, justicia, reparación y verdad (y IV)

Un café en el Marriot

Así podría titularse esta cuarta y última entrega, a la que se podría añadir «y las conclusiones», aunque esto sea algo pretencioso.

El hombre clave

El lunes fui a un centro comercial cercano al hotel a comprar El hombre clave (imagen de la izquierda). Me lo había recomendado un asesor de la gobernadora del Departamento del Meta y lo encontré en la Librería Panamericana.

Al volver al hotel, me di cuenta de que me estaban buscando varios asesores de uno de los altos funcionarios de una institución clave en Colombia. El magistrado, que había organizado nuestro viaje, quería hablar conmigo.

Dicho y hecho; me reuní con él a tomar café y hablar en confianza. En unos treinta minutos, le hice un resumen de la vivencia del fin de semana. De la posición de las FARC, en la parte que conocí, de sus problemas actuales, su postura y sus miedos. De sus ganas de reintegrarse en la sociedad y ser productivos en vez de asesinos. También le hablé de mi conversación con la Gobernadora y con el conductor. Todo ello está en las entregas anteriores.

Me preguntó por el poblado, por las condiciones de vida y por la existencia o no de niños; ahí me di cuenta de que la vivencia que habíamos tenido las dos personas que habíamos ido a Mesetas era todo un lujo: él no ha estado; pregunta para conocer –eso hace que te agradezca aún más la gran oportunidad–.

Hay niños, sí. Se ve vida normal, le dije. Tal vez ellos sean el nexo de unión con el resto de la sociedad. En el monte, los guerrilleros tenían prohibido tener hijos; ahora, sin embargo, los tienen. Han formado familias y cuando uno se hace responsable de hijos, la perspectiva cambia de forma natural y lógica.

También me preguntó por su intención de votar. Lo habían hecho 80 en primera vuelta y lo harán, de idéntica forma, los mismos ochenta en segunda. Se da la circunstancia curiosa de que algunos pueden formar parte de las listas electorales, pero no pueden votar por estar condenados por delitos de lesa humanidad. Tomó nota de esa paradoja.

Coincidimos los dos en que el proceso de paz es ya irreversible; yo le confesé que mi percepción había cambiado y que, aunque tras leer los acuerdos de La Habana pensé que había cosas inasumibles, estaba convencido –lo estoy– de que no hay vuelta atrás y de que es lo mejor que puede pasar a la sociedad colombiana. Tienen derecho a una reparación, pero también a mirar adelante.

No coincidimos en algo: los territorios. La cesión de terrenos a los exguerrilleros puede ser un problema, en mi opinión; él piensa que es la mejor solución para ayudarles a reintegrarse en la sociedad. Yo creo que los demás ciudadanos también lo necesitarían. Pero acepto su opinión por encima de la mía porque él conoce Colombia; yo sólo soy un aprendiz, por  más que me guste el país y, sobre todo, sus habitantes.

El documento de acuerdos es largo, 310 páginas, y no es perfecto, pero es el camino. El proceso se inició con Uribe, de una forma, y se culminó con Santos, de otra. El libro cuya imagen ilustra esta publicación es esclarecedor de las distintas posturas y, aunque con errores de redacción, es muy recomendable y se lee rápido.

Duque es el nuevo presidente electo; dice que revisará los acuerdos; si es para perfeccionarlos, adelante, pero debería hacerlo bajo la perspectiva de que la paz es un bien irrenunciable y de que los colombianos se merecen enterrar a sus muertos y seguir adelante. Se enfrenta, lo hablamos en esta conversación, a una difícil tarea: reducir la pobreza y la desigualdad. Fueron dos de los factores que llevaron a los guerrilleros a echarse al monte, lo cual no les justifica de ninguna manera.

También tiene que solucionar los tres frentes de las FARC (los 1, 7 y 40) que han vuelto a ese monte, los disidentes, que ahora se dedicarán a la cocaína y a la delincuencia en general en cuerpo y alma. Sólo son novecientos, pero están organizados. Que no crezcan; al revés, que desaparezcan, por vía legal, cuanto antes. La paz no tiene vuelta atrás. Colombia lo necesita.

Perdón, justicia, reparación y verdad (III)

Este asunto sólo iba a tener tres entradas; sin embargo, un café el lunes en Bogotá con un alto funcionario del Estado colombiano creó una cuarta. Pero vamos con esta, la tercera.

Militares colombianosÉl –omito el nombre, pero no es anónimo– fue nuestro conductor el pasado fin de semana; en esos días, escuchó mucho y habló poco; como buen conductor oficial es consciente de que la discreción en ese oficio es una de las claves.

Sabía que había sido militar profesional en el Ejército colombiano durante ocho años, pero no era consciente de que esos años los pasó en lucha directa contra las FARC.

Sin embargo, el domingo comimos sólo cuatro de nosotros y, en familia, tuve la ocasión de hablar con él con más profundidad mientras degustábamos una carne «mamona» –de ternera, para los malpensados– y algún otro producto de la región, en un municipio a las afueras de Villavicencio, la capital del Departamento del Meta.

Así, entre risas y bromas, también llegó el momento de la seriedad. Charlábamos en confianza, con la libertad de opinar, pensar y sentir sin restricciones. Al final de la comida, mientras degustábamos un tinto –café solo–, empezó a hablar de su experiencia.

Había pasado esos ocho años de servicio «dándose plomo» con las FARC; es decir, combatiendo de frente, «a penas a unos metros», jugándose la vida. Matando y muriendo cada día un poco. Una bala a pocos centímetros de sus testículos atestiguan su lucha armada en el Ejército, la misma bala que le hizo causar baja en esas fuerzas que eran su vida.

Lloró el día que dejó de vestir el uniforme y lo echa de menos, pero  no quiere ni de lejos que sus hijos sigan su camino: «Que estudien y salgan de esto». De baja estatura, complexión fuerte y amabilidad por bandera, ama su antigua profesión pero no para ellos.

Desde que acabó la guerra, en palabras de los acuerdos de paz, ha reconocido a algunos de los hoy excombatientes –de nuevo, terminología de los acuerdos– con los que se enfrentó a tiros en el monte y aún no ha superado esa sensación que uno tiene frente al enemigo. Cuesta perdonar a quienes mataban, y a quienes lo hirieron gravemente, y a quienes hicieron imposible la vida en el país.

Sin embargo, reconoce que hay que avanzar hacia la paz; que es lo mejor, a pesar de no poder olvidar esas caras de los guerrilleros a los que se enfrentaba a vida o muerte, de tenerlas presentes cada día. Les disparó, le dispararon. Mató en combate; vio morir a compañeros. Tuvo a tiro a niños guerrilleros y no pudo disparar, hasta que tuvo que aprender a hacerlo.

La huella del conflicto es profunda en su corazón, pero reconoce que quiere la paz para sus hijos. Y para su mujer –se casa esta semana–. Es la visión de un combatiente, de un soldado que lo dio todo por alcanzar la victoria.

Perdón, justicia, reparación y verdad (II)

En la segunda parte de esta publicación quiero traeros el punto de vista del gobierno del Departamento del Meta (una «comunidad autónoma» en términos españoles). El domingo, día 17, tras la inauguración de la jornada electoral en el Departamento, en la capital Villavicencio, la gobernadora Marcela Amaya nos recibió a una compañera, Sonia Alda, y a mí, en su despacho durante más de una hora.

En ese tiempo tuvimos la ocasión de hablar de políticas públicas, de las relacionadas con los exguerrilleros, y de nuestro interés académico en esas políticas y en el proceso de paz consecuencia de los acuerdos de La Habana.

Cabe recordar que en esta región se originó el conflicto cinco décadas atrás y que el Departamento es el que más ha sufrido las consecuencias de esa guerra que reconocen los acuerdos de paz

La gobernadora Amaya nos contó, con ilusión y convencimiento, de primera mano, cómo la mayor parte de la población son víctimas directas de las FARC y, sin embargo, considera que no hay vuelta atrás en el proceso de paz.

Una  mujer entusiasta, llena de ideas, con fuerza y ganas, y rodeada de  buenos asesores –gracias Andrés; aprendí mucho escuchándote durante el viaje a Mesetas; estoy tratando de comprar El hombre clave; lo tengo localizado–, hace votos para que la región, tras los acuerdos, salga de la pobreza y, por fin, el Estado y el gobierno regional puedan avanzar, crear infraestructuras y mejorar el tejido productivo en paz y reconciliación.

Su Plan de Desarrollo «El Meta, Tierra de Oportunidades con Inclusión, Reconciliación y Equidad» quiere recuperar la vocación agrícola y pecuaria, con un sentido turístico de preservación y en la búsqueda de posicionar al Departamento en lo más alto de la economía colombiana, y generar progreso, bienestar y calidad de vida a todos los ciudadanos de la región.

Nos habló también de «Gobernación sobre Ruedas», una  iniciativa para llevar la Administración Departamental a los municipios y a los ciudadanos; y da resultado con muy bajo presupuesto. La bajada del precio del petróleo ha supuesto un duro golpe para Meta, y este proyecto lleva la gobernanza, con bajo coste, a los ciudadanos de pueblos que antes estaban bajo la bota de las FARC, y a otros pueblos.

Ella, Marcela Amaya, vota paz, reconciliación y futuro. Es el punto de vista de una gobernante.