Lo que nos jugamos el 26 de mayo en Europa

Europa es un proyecto común que hace bueno el refrán «La unión hace la fuerza». La Europa unida es una gran potencia; los 27 –28 de momento– por su parte, y de forma aislada, serían potencias de carácter medio, a lo sumo y en su mayoría, mientras que unidos son un grupo fuerte; tanto como lo quieran ser y como aparquen intereses pequeños en pos de uno grande y decidido.

La Unión Europea nació con un motivo económico, la CECA, y ahora es un proyecto político y económico de enorme calado y, esperemos, sin vuelta atrás, basado en la diversidad de culturas con una raíz común, en una economía conjunta y en una política común en aquellas materias que nos interesa aunar en beneficio de todos.

Y en todas esas facetas entra de forma decidida el Parlamento Europeo, que interviene en ellas como parte fundamental en el ámbito de la planificación y la decisión, como cualquier otro parlamento democrático.

Europa es una organización supranacional que funciona como un Estado en una parte muy importante de la vida diaria y de la capacidad de decisiones y de influir sobre la vida de los europeos y de las demás instituciones de Europa. Eso quiere decir que sus estados miembro ceden una muy buena parte de su poder a la Unión en beneficio de las posturas comunes.

El Parlamento, con matices, funciona de forma análoga al de cualquier país. Este, en concreto, y desde el Tratado de Lisboa, es pieza clave en el nombramiento del presidente de la Comisión. Lo es también en el control presupuestario, y en materia de legislación. Una enorme parte de las decisiones normativas de los estados que configuran la UE, en las más diversas materias, procede del Parlamento Europeo en su función de codecisión con los estados a través del Consejo de la Unión Europea, que no es otra cosa que el brazo especializado del Consejo Europeo a través de sus ministros.

Los puntos más destacados de la normativa que viene de Europa están diseminados por la vida política y económica, tanto como de la social de los europeos. Destacan, entre ortos, los relacionados con el medio ambiente, como las emisiones tóxicas; Europa es muy restritiva en este ámbito con el fin de preservarla como fuente de salud de sus ciudadanos y de quienes viven con nosotros. O los asuntos relacionados con la libre competencia, la protección de datos o similares. Y también, la armonización aduanera, la política agraria y pesquera, en la preservación de los recursos biológicos marinos.

Europa se juega lo mismo que cualquier país en las elecciones del 26 de mayo: su futuro. No lo dejemos en manos de otros. Que la UE sea lo que todos queramos.

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