Se te ve el plumero, Cs

Rivera, la limpieza perfecta de la política -nótese la ironía-, no quiere saber nada de Vox. Sus huestes lo tienen a gala y el joven político venido a más hace una mueca de asquito cada vez que habla de este partido político.

Su adlátere, otrora socialista andaluz, Juan Marín, tampoco quiere saber nada de Vox. Puede reunirse con Podemos de forma cutre en la cafetería de una estación de tren, pero ni arrimarse a este nuevo partido que tiene nada menos que 12 escaños en el parlamento Andaluz.

No quiere ver al partido bajo ningún concepto; eso sí, quiere sus votos en el parlamento tanto en la elección de su presidenta como en la del presidente de la Junta de Andalucía, que a eso no van a renunciar, aunque sólo sea en segundo plano (Cs, no Vox). Para elegir Junta, los 400 mil «ultraderechistas» de Vox sí le son útiles a los liberales transversales de Ciudadanos, aunque sospecho que lo que de verdad querrían es gobernar con el PSOE. como ya hicieron en la anterior legislatura, en la que alentaron el continuismo del partido del régimen.

Porque para Marin, socialista de pro -¿socio listo de pro?-, haber dado cuatro años más de oxígeno a los del régimen no es problema; haber sustentado a Díaz estos años es un orgullo; y reunirse con Podemos es signo de talante democrático; pero Vox no, no lo es. Por cierto, me he leído los programas de Podemos y de Vox y mientras el primero es para temblar, no encuentro en el segundo ni un ápice de inconstitucional. Es más que probable que muchas, muchísimas personas sensatas lo suscriban con casi todas las palabras y no por ello sean ultraderechistas.

Entonces, ¿qué les pasa a los de Ciudadanos? Pues muy sencillo: los votos. Por supuesto, las ideas: son de izquierdas; pero también los votos. Mucha gente de derechas dejó de votar al PP ante el hartazgo de sus problemas y ante el hecho de que no hubiese alternativa a la derecha (yo tampoco entiendo por qué votar izquierda en esa tesitura, pero conozco los casos) y, ahora, ya la hay.

Y es que se os ve el plumero, queridos «naranjas».

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