Y la pareja de moda consulta a “las bases”

Iglesias Montero.jpgHe comentado en este blog un libro de Svetlana Aleksiévich. Recuerdo que en una de las entrevistas que la autora realiza, recoge el testimonio de una mujer soviética, ya en la Federación Rusa, comunista convencida, que manifiesta cómo su fe en la URSS era ciega; y reconoce que se basaba en la ignorancia que fomentaba el régimen. La desinformación en la Unión Soviética era el sustento de las lealtades de los cautivos ciudadanos. Sin embargo, cuando cayó el régimen, el pueblo fue poco a poco topándose de bruces con la realidad más atroz: su presunta nación, la URSS, no era tal; era un artificio hilvanado con los hilos del terror convertidos en cadenas; su nación artificial no era invencible; no eran los inventores de todo ni el superpueblo venido a conquistar el mundo y dejar a un lado los estados para instaurar la gran lucha de clases.

La URSS se sustentaba en el terror, la pertenencia cuasi obligatoria al partido y la propaganda. Hoy no difiere en mucho, pero eso es harina de otro costal.

Al recordar el libro me venía a la memoria el “Caso Chaletazo”, protagonizado por la pareja Pablo e Irene (también conocidos como Pabla e Ireno, y más desde el “nosotras” de su rueda de prensa conjunta). Como se sabe, han adquirido un chalet con parcela de unos 640.000 euros –aunque expertos dicen que cuesta más–. No está nada mal para los jóvenes comunistas de pro que se atreven a decir que lo que hacen otros es malo pero lo suyo está muy justificado –¡ay, los hijos!, que no haría uno por ellos–. El refranero español es muy sabio; aplíquese aquí el de “Consejos vendo que para mí no tengo”.

Uno piensa en los regímenes comunistas que aún quedan y se da cuenta de la laxitud con la que se autoaplican sus medicinas; en especial, las de ser pueblo y la de ser austeros; en cuanto pueden, se alejan de él y se enriquecen. Ahí están las grandes fortunas de los Castro, Ortega, Maduro y compañía.

Pero la cuestión que me trae a escribir este comentario es la habilidad con la que gestionan la propaganda. Son especialmente diestros en sortear los escollos informativos y justificar que trabajan pagados por un régimen como el iraní, o con subvenciones de Venezuela, utilizando frases vacías y sin sentido que compran algunos millones de votantes. Siempre está el recurso a llamarte facha cuando lo recuerdas; con eso, todo arreglado. Eso, o el recurrente “tú más” aunque no te conozcan.

Así funcionaba la Unión Soviética; así funcionan Corea, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y otros paraísos comunistas. Así funciona Podemos y sus caudillos, Iglesias y Montero, con sus adlátares Errejón, Echenique y compañía.

No preguntan si es lícito predicar y no echar trigo. La pareja promueve un referéndum en el que no preguntan si han hecho bien comprando un chaletazo sino si deben dimitir de sus cargos. Y lo hacen mediante las ya famosas consultas descontroladas a las que nos tienen acostumbrados en su ejercicio de propaganda permanente.

– “¿Tenemos que dimitir?”

– “No, amado líder.”

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