Y fallaron las encuestas en Costa Rica

Me aposté una caña y un pincho de tortilla a que se cumplían las encuestas. No he aprendido las lecciones anteriores. La suma de votos de la primera vuelta hacían pensar que ganaría el predicador, pero Costa Rica optó por la continuidad.

Acaban de entrevistarme para alnavio.com; os transcribo mis respuestas.

– ¿Cree que con el triunfo de Carlos Alvarado ganó el mal menor?

Así lo creo; entre otras cosas porque es el candidato con ciertas garantías de tener una infraestructura política detrás. Ninguno de los dos era un candidato óptimo para el país, pero Carlos era el mal menor, en mi opinión.

Tras intensos debates sobre religión y matrimonio igualitario, parece que Costa Rica ha optado por la opción menos conservadora, lo que supone un cambio sustancial en la sociedad tica. Carlos Alvarado ha sacado más del 20 por ciento a su contrincante, con un nivel de abstención menor del pronosticado.

– Nuevamente las encuestas han fallado. ¿Qué opinión le merece?

Predecir un resultado electoral es complicado siempre porque el encuestador, y después el analista, no saben hasta qué punto el encuestado responde la verdad, ni hasta cuál la muestra es suficientemente representativa de todos los estratos sociales.

Las encuestas predecían dos cosas:  que ganaría Fabricio y una elevada abstención, superior a la que se ha producido. Tal parece que Carlos Alvarado ha sabido movilizar a sus votantes y, desde luego, que la mayoría de los electores de los demás partidos han elegido el mal menor, pero no se han atrevido a decírselo a los encuestadores. Según estudios, un 60 por ciento de la población electora ha cambiado el sentido del voto; eso dice a favor del presidente electo y su campaña electoral que, de alguna forma, se ha sacudido el polvo del debate sobre el matrimonio igualitario y ha convencido a los costarricenses con la forma de abordar los verdaderos problemas sociales, políticos y económicos del país.

– ¿Y ahora qué en Costa Rica? ¿Cuáles serán los grandes retos para Carlos Alvarado?

El primero y principal es lidiar con la enorme deuda fiscal, por lo que tendrá que elaborar un plan de impuestos y un plan antifraude fiscal que resucite al país; es decir, elaborar un plan fiscal integral. En paralelo, mejorar los niveles de empleo lo que, además, contribuiría a ayudar con el déficit fiscal.

Otro gran reto es el de mejorar las infraestructuras del país; en especial, las de movilidad: es decir, las relativas a la circulación, aunque no son las únicas.

A partir de ahí, y en paralelo, lograr una sociedad igualitaria en donde se respeten los derechos de hombres y mujeres por igual.

También, lograr los niveles de seguridad de antaño, que van decreciendo con los tiempos.

Y un esfuerzo más del futuro gobierno: reducir las tasas de abandono escolar. La educación y la formación son los pilares de una sociedad abierta, desarrollada y de futuro.

Mucho trabajo para los próximos años, sin duda.

– Con un Parlamento tan fragmentado, ¿considera que tendrá difícil gobernar?

Ese es el calvario. La mayoría de los partidos restantes han “prestado” los votos al candidato del PAC, pero no los escaños. Un parlamento tan dividido hará que la oposición cobre fuerza y trate de no facilitar el gobierno al PAC y su nuevo presidente.

La posibilidad más beneficiosa para Costa Rica es un pacto para los grandes temas de estado, dejando a la confrontación los asuntos ideológicos y más políticos, y en estos, que sean las fuerzas del parlamento las que se mojen, pero que luchen con fuerza en los grandes problemas para levantar a Costa Rica.

– ¿Cree que los costarricenses han dado una segunda oportunidad al PAC pese a que el mandato de Luis Guillermo Solís no ha sido del todo positivo?

Es evidente que sí. Entre lo malo y lo peor, han optado por la continuidad. Lo cierto es que no tenían mucho donde elegir, si bien ese fue el resultado de las urnas en primera vuelta.

Si considera oportuno añadir cualquier otro aspecto, adelante.

En resumen, a Costa Rica le espera conocer el grado de madurez de su clase política. La democracia más consolidada de Latinoamérica se enfrenta a un período difícil de gobernabilidad y los políticos deben dejar a un lado las divisiones para centrarse en sus jefes: los ciudadanos costarricenses, y resolverles los problemas acuciantes que agobian al país. No se pueden permitir un gobernó con las carencias del período recién finalizado. La cuestión es si lo lograrán… o si querrán lograrlo.

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